Da gusto reseñar una película española sin tener que hacer referencia a los complejos progres que atenazan a la industria cañí. No hay nada políticamente correcto, ni se pagan peajes ideológicos. Tampoco hay desnudos injustificados –lo siento, chicos- ni moralinas. Simplemente es cine, y cine del bueno.
El filme se basa en la obra de Lovecraft, en el universo que construyó sobre los mitos de Cthulhu. No es el reflejo de una obra en concreto, aunque tiene el peso evidente de La llamada de Cthulhu, El horror de Dunwich y El caso de Charles Dexter Ward. Una buena señal es que a los críticos de El País, El Mundo yCinemanía no les gustó.